SANTIAGO SEGUROLA

Morata se excusa y falla

El delantero marcó los dos goles a Malta. Ante Noruega dispuso de varias oportunidades, falló, pero jugó con vitalidad.

Santiago Segurola
Actualizado a

Hay lugares en el fútbol que exceden la observación, donde se criba, se escruta, lugares para la mirada microscópica, en definitiva. La Selección es uno de ellos. Su propio nombre invita al rigor. Es el resultado de la convocatoria de los mejores futbolistas de un país, no un equipo cualquiera. En teoría, representa la excelencia, con la pesada carga que eso significa en muchas ocasiones, algo que no siempre comprenden los futbolistas.

Morata marcó los dos goles a Malta, después de disponer de varias oportunidades no concretadas ante Noruega. Luis Enrique saludó la actuación del delantero en Mestalla, y no le faltó razón. No marcó, pero jugó con vitalidad, poderío y clase. Sergio Ramos marcó de penalti el tanto que significó la victoria, en unos minutos de cierta angustia. Buena parte de la responsabilidad del gol correspondió a Morata, que persiguió a un rival, le arrebató la pelota y superó al portero noruego, que le derribó en el área. ¡Cómo no elogiarle!

Terminado el partido en La Valetta, Morata aprovechó las preguntas de los periodistas para quejarse. “Soy un jugador muy observado, muy criticado. Sé que hay mucha gente que está esperando que falle”, declaró. Fue una respuesta defensiva, muy típica en el fútbol, que identifica los problemas en el exterior –generalmente en el periodismo– y permite que los jugadores justifiquen su fastidio cuando las cosas marchan bien, en este caso después de marcar dos goles.

Morata es un estupendo delantero, con tantas cualidades que le han permitido jugar en todas las categorías de la Selección desde que era un niño. De juvenil solía adelantarse a su tiempo. Era dos años más joven que la mayoría de sus compañeros en el equipo nacional. Aterrizó pronto en la Primera División, como una de las mayores promesas del Real Madrid en muchos años. Desde entonces ha jugado en la Juve, Chelsea y Atlético de Madrid. En medio, su reingreso en el Madrid, donde sólo permaneció una temporada.

La trayectoria explica la opinión que se tiene de Morata en el fútbol. Ha jugado en cuatro de los principales equipos del mundo. A la Selección llegó pronto. Disputó la Eurocopa 2016, pero no fue convocado para el Mundial 2018. Ha vuelto y parece que con un papel importante, hasta el punto de invitar a la doble punta con Rodrigo, modelo que España no conocía desde los tiempos de Villa y Fernando Torres.

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Sin embargo, este recorrido quizá señala algo que está más relacionado con el carácter de Morata que con sus cualidades futbolísticas. Hasta ahora no ha formalizado la condición de primer espada en sus equipos, a pesar de las grandes expectativas que produce. Quizá este déficit se puede explicar por la respuesta que ofreció después del partido contra Malta. El rival de Morata no está fuera. Lo tiene dentro si observa su papel como una víctima inocente de las críticas injustas, si cree que se siente más observado que otros, si considera que hay gente que desea sus errores.

Es una percepción errónea y preocupante. Por supuesto que el grado de observación a Morata es microscópico. No se entendería otra cosa cuando se trata de un jugador de la Selección española, habitual en las convocatorias desde hace años. Está ahí porque forma parte de un reducidísimo grupo de futbolistas que representan la excelencia del fútbol español, un privilegio y también una pesada carga, sólo soportable si se acepta con entereza y sin excusas adolescentes.

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