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Un Madrid con 26 goles a estas alturas...

Empezó el partido del Bernabéu con un descuido de Marcelo agravado por un penalti torpe de Casemiro y acabó con una escapada de Oyarzábal que Willian José mandó al limbo cuando se cantaba el 0-3. Por medio hubo un partido vibrante, con un Vinicius espectacular y un Madrid esforzado, que volcó el campo sobre Rulli, ahogó la salida de la Real Sociedad y tiró mucho a puerta, pero no marcó. El gol, ahí le duele a este Madrid post-Cristiano, que a estas alturas de LaLiga sólo lleva 26. Le sacó algunas buenas paradas a Rulli y mereció un penalti que el VAR se tragó, pero también sufrió claros contraataques de la Real.

Fue un partido extraño, en el que al Madrid se le vieron los defectos y las virtudes. Atacó con brío, pero defendió mal. Vinicius se doctoró como un futbolista imponente, constante, con peligro y buena compenetración con Benzema, pero éste volvió a fallar con la espada. Lucas Vázquez lució en lo suyo, pero se hizo expulsar por dos amarillas perfectamente evitables. El equipo presionó arriba con esfuerzo, pero cuando la Real conseguía salir la defensa reculaba y esperaba atrás, sin respaldar de cerca el esfuerzo de los de arriba. Por su parte, la Real cumplió el papel clásico: sufrir atrás con orden, contraatacar con visión.

Esta derrota hace pensar con ironía en que quizá Solari tuviera razón: los empates no son tan malos. Y aunque deja cierto sentimiento de injusticia (tanto esfuerzo, tanto remate, ese penalti...) viene a sumarse a todo lo anterior. A las malas impresiones de otros partidos recientes, a la escasez de gol, causa de todo. No había ni un delantero en el banquillo, porque en toda la plantilla hay cuatro y dos están lesionados. El Madrid es quinto no por un penalti que se fumara el VAR, es quinto porque no compensó la salida de Cristiano. Al menos ahora emerge Vinicius como una esperanza real. Eso fue lo que el espectador se llevó a casa.