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El pasillo y la mediocridad, Antoine Griezmann y la hipocresía

El pasillo y la mediocridad, Antoine Griezmann y la hipocresía

Síntoma de grandeza. El pasillo al campeón no es una obligación, es una simple cortesía, propia de un club señor, que ofrece un reconocimiento, al que se ha ganado sobre el terreno de juego ser el mejor club del año. No vale la excusa de que esa competición no la ha jugado el Barça, por la simple razón de que todos los clubes del mundo pueden aspirar a ese trono y el Madrid se ganó dicho honor, tras conquistar la Champions. El no pasillo es otra prueba más de la mediocridad institucional del Barça, incapaz de sacudirse complejos que parecían ya superados. A Bartomeu, siempre tan mal aconsejado, le falta altura de miras. Ser más que un club son también esas pequeñas cosas.

Un Clásico peligroso. La digestión de este Madrid-Barça, con las vacaciones navideñas sobre la marcha, va a ser dura para el que pierda. Está claro que el Madrid se juega un órdago, decir adiós a la Liga en caso de caer derrotado en el Bernabéu, pero el Barcelona necesita demostrar, ante un igual, esa inesperada solidez que le ha inculcado Valverde. Es un Barça menos seductor y más práctico, con Messi y Suárez, enchufadísimos.

El desliz de Amor. Hay que conocer a Guillermo Amor, desde su etapa de futbolista, para saber que es alguien al que no le gusta engañar, que va con la verdad por delante. Seguramente, representar institucionalmente a un club obliga a morderse la lengua, buscar los lugares comunes, las respuestas insustanciales y pasar de refilón por los temas más peliagudos. Escuchando detenidamente sus palabras al micrófono de Mónica Marchante, tampoco es que el reconocimiento de negociaciones con Griezmann sea tácito pero, legalmente, puede armar de razones al que le quiera buscar las vueltas.

La gota que colma un vaso. Todo el mundo sabe que tocar a jugadores antes de los seis meses estipulados es moneda de uso común en muchos clubes. Sin ir más lejos, al portero del Athletic, Kepa, le quedan más de seis meses de contrato. Sorprende con la convulsa salida de Costa o la carambola de Vitolo ver al Atlético denunciar. Hasta que te explican que al Barça se le había denegado el permiso para negociar, que rompió un pacto de caballeros, que cortejó al jugador y a su familia. Amor remató televisando la negociación y el Atlético decidió saltar. El Barça estaba avisado.

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