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Ancelotti o el valor de la calma

Ancelotti o el valor de la calma

Va bien Ancelotti. Lo dijo el otro día Capello, que conoce las dificultades de trabajar en el Madrid, extraordinarias, y le augura hasta la posibilidad de ganar el triplete. Y lo dice ya todo el mundo: Ancelotti va bien, superadas las dudas e inseguridades iniciales. Ha resuelto con aparente naturalidad el tema espinoso de Diego López y Casillas, ha barajado el desafío de Di María con buen sentido, maneja con tacto la decepción que están sintiendo Isco y sus partidarios, contenta al presidente con Benzema y Bale y hasta está puliendo la perla del futuro, que se llama Jesé y es la ilusión de la temporada.

El Madrid es un club difícil, sí, como dejaba ver Capello, pero a cambio de eso tiene algo que ofrecerle a un entrenador: una baraja de jugadores magníficos, con Cristiano Ronaldo a la cabeza. Eso permitió que a pesar de tantas dudas al principio, el Madrid siguiera puntuando mucho. Con mala imagen, pasando apuros, pero puntuando a buen ritmo, tanto que acabó la primera vuelta en codazos con el Atlético y el Barça, pese a haber perdido con ambos. Y la fase de grupo de la Champions fue un paseo. Como la Copa, de la que es finalista. Y ahora es cuando está empezando a jugar bien.

Pero no sería justo decir que han sido los goles de Cristiano y la categoría del resto lo único que ha traído hasta aquí a Ancelotti indemne. También ha sido su calma, una calma poderosa que agota las discusiones en cuanto nacen, porque congela la ceja, pone cara de granito y dice, por ejemplo, que sí, que es raro lo de Diego López y Casillas, y a otra pregunta. Al fútbol le viene bien el sosiego, y ese tono ‘molownyano’ o ‘delbosquiano’ le está resultando la mar de bien a Ancelotti. Y a toda la casa, después de las crispaciones del pasado próximo, dicho sea esto sin ánimo de polémica.