Lo que rota Ancelotti son las ideas

El de esta noche en Turín es el decimosexto partido oficial del Madrid en esta temporada y casi con toda seguridad será la decimosexta alineación que Ancelotti ponga sobre el campo en el mismo tiempo. Desde la rotación de la portería, una extravagancia a la que nos vamos acostumbrando, a la única certeza (Cristiano allá arriba, a la izquierda, para resolverlo todo), queda un largo y ancho campo en el que se ha movido ya la totalidad de la plantilla, salvo el tercer portero, Jesús. Una especie de desconcertante aquelarre que deja a Ancelotti como un hombre irresoluto. Algo muy malo para un jefe.
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Para estos casos se echa mano de un concepto: la rotación de esfuerzos. Pero en este caso lo que se está rotando son más bien las ideas (llegar con treinta pases, llegar con tres...) y las pleitesías. Contentar al presidente, al segundo entrenador, a los capos de la plantilla, a las ideas propias y a una grada que pide canteranos, todo ello junto, y conseguir que sume once, es imposible. Se podría decir en su descargo que ha estado esperando que Bale y Xabi Alonso se pusieran a punto. Pero para elegir un modelo en el que entraran ellos ha contado con Di María e Illarramendi, buenas bazas para esas funciones.
No son tiempos, no, del once fijo, recitado de memoria. Nadie puede pedir eso. Pero sí un modelo, una idea y una cierta estabilidad en la que se vaya entrando y saliendo según lo impongan razones de sanciones, lesiones o, si se quiere, reparto de esfuerzos. Eso no lo hay, y que no lo haya explica los derrumbes del Madrid, de los que el de Vallecas fue el más largo y más intenso. Ancelotti debe decidir ya si carne o pescado, si estos o aquellos, porque está creando más inquietud en su jefe de la que supone. Y ojo: tiene un segundo sin contraindicaciones, cuyos gestos en Vallecas han llamado la atención.



