Con Canales y sin más moratones

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Los infortunios del Real Madrid fueron anoche el principal acicate del Valencia. Ellos y su afición. La lesión de Casillas (quien se retiró entre aplausos, porque Mestalla sabe de fútbol y no sólo Iniesta los merece) y la expulsión de Coentrao (acompañada por el error de Adán). Entre medias había marcado Benzema y con el gol del francés se liquidó más de lo que estaba la eliminatoria, aunque el Valencia tenía ayer otros menesteres más allá de la Copa del Rey. Debía espantar fantasmas y transmitir a su gente que está vivo, que tiene orgullo. Despidió la trilogía sin alardes ni gloria, pero tampoco con más moratones. Objetivo al menos cumplido, el de recuperar la autoestima, y ahora a pasar página cuanto antes de los duelos ante el Real Madrid, por más evidente que haya quedado en tres partidos la diferencia entre uno y otro equipo.
El Valencia, en lo que a la Copa del Rey se refiere, dice adiós más por lo sufrido en el Santiago Bernabéu y los dos goles allí encajados, aunque los ecos de la goleada del domingo en Liga quitaron embrujo al transcurrir del encuentro de ayer. Nunca hubo sensación de remontada, sólo de querer hacer un partido digno. El Valencia, en cuanto a fútbol, pecó de indolencia e incapacidad para inquietar de verdad a Adán, que ni con once, ni diez ni tan siquiera con nueve pasó más apuros del que él solo se generó en el gol de Tino. La trilogía sí deja una muy buena noticia para los ché: el regreso de Canales.



