El Valencia estrena entrenador
"Lo malo no es que echen a los entrenadores, lo malo es que no saben para qué los contratan...". Esa frase se la escuché una vez a Menotti y la encontré acertada. Salvo que pensemos, cínicamente, que se les utiliza como fusibles. Gil padre lo hizo durante muchos años, devoraba entrenadores a una velocidad de vértigo. Un día leí otra frase, esta de su hijo, Miguel Ángel, referida al asunto: "Lo hemos probado todo menos la paciencia". Muy bien. La paciencia siempre ayuda, aunque no resulte fácil practicarla. Y menos cuando el público se vuelve contra el palco, como ocurrió el otro día en Mestalla.
Noticias relacionadas
Hubo algo de pánico en la reacción de Llorente, un buen hombre que manejó muy bien el Valencia cuando estuvo como 'factótum' del club sin la exposición que ahora tiene. El equipo no va bien, dos goleadas consecutivas son mucho palo, pero se extendía ahora un periodo para ganar la calma: Lille, dos veces Pamplona (Liga y Copa), las visitas de Rayo y Getafe y luego las vacaciones. Había tiempo para darle una miradita al asunto y pensar si lo propio era sacrificar al entrenador o si había algún tipo de solución alternativa. Decidir bajo la presión de los gritos contra el palco no fue bueno.
En realidad, el Valencia iba ganando hasta que Jonas se hizo expulsar. En realidad, con lo que el aficionado de Mestalla está irritado es contra una política de austeridad que le ha llevado a ver cómo se iba despoblando poco a poco su equipo de todo lo mejor: Albiol, Villa, Silva, Mata, incluso Isco, sustituidos por una leva de mercenarios mal escogidos. Pellegrino no se había hecho aún con el grupo, eso es evidente, pero esa decisión tan brusca, anunciada en la misma noche del partido, contribuye a la sensación de descontrol. Valverde lo tiene difícil, porque el nerviosismo ha saltado de la grada al despacho.




