El Levante clamó contra Muñiz

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Por actitudes como la de ayer, uno entiende que el Levante sea de los pocos clubes de la Liga que pueden decir y presumir que han crecido en masa social, en abonados. Con la que está cayendo, y con lluvia incluida anoche en Valencia, 20.805 personas (la mejor entrada de la temporada) disfrutaron de un partido de los de antes. De brega más que de toque. De oleadas constantes. Donde el balón era un ente indomable y en el que Morata le quitó a Munúa el cartel de héroe. Un partido en el que lo peor fue Muñiz Fernández, un árbitro que sin influir en el resultado sí desquició con sus decisiones a los de Juan Ignacio.
Ganó el Real Madrid como pudo hacerlo el Levante. Por ello se marcharon los granotas dolidos a casa. Por ello y porque sintieron que Muñiz se cebó con ellos. Quizás también porque este vestuario, aunque mantiene un espíritu de cenicienta que le hace tener siempre los pies en el suelo, con los años ha ganado en rol de rebelde inconformista. Ángel (un acierto, el de Juan Ignacio, su entrada) hizo soñar a los suyos que este año también, que Mourinho volvería a marcharse del Ciutat por cuarta vez sin saber lo que es ganarles. La tensión y movida del final demuestra que este duelo tiene ya su historia.



