El Madrid olvida dudas y tristezas
Domingo plácido para el madridismo. Por la mañana, la asamblea fue una balsa de aceite. Florentino sacó sus propuestas, algunas de las cuales me parecen abusivas, pero se las aprobó la asamblea y no hay más que hablar. Nada raro, por otra parte, porque estas cosas el grupo de fontaneros de Florentino las prepara realmente bien. Y luego el partido, concluido en una goleada que nos devolvió, por fin, la imagen del buen Madrid de la Liga pasada, el campeón. Ese Madrid que empezó el curso entre dudas y tristezas y que por eso y porque el Barça juega con red se ve a ocho puntos cuando empieza octubre.
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Hubo sorpresa en la alineación inicial, con Sergio Ramos de lateral derecho. ¿Otro toque? Varane fue central y aunque el público le aplaudió cuanto pudo no nos dejó del todo felices: demasiado etéreo en el gol de Riki, demasiado físico en un penalti que no le pitaron por un fuera de juego oportuno. Creo que Sergio Ramos puede estar tranquilo. La otra alteración de la alineación clásica fue el descanso de Xabi Alonso, que sólo salió media hora. Pero era eso: un descanso. Özil y Modric jugaron juntos, respaldados por Khedira. Aún tienen que acompasar sus violines. Pero hace ilusión verlos juntos.
En todo caso, los que de verdad ganaron el partido fueron Di María y Cristiano, que abusaron algo de Manuel Pablo, al que los años le van pesando. En ellos y en el optimismo general estuvo la goleada, en la que Cristiano intentó que participara Kaká. Salió la última media hora, con su aire alegre y desenfadado, y Cristiano se la puso cada vez que pudo, pero no marcó. Lástima. El público lo estaba deseando. Eso sí: el penalti no se lo cedió. Con sus tres goles de ayer, Cristiano iguala ya en la tabla a Messi, a uno ambos de Falcao, y el coloso madridista suma 155 en 153 partidos. Toda una barbaridad.




