Ante las horas bajas de Mourinho
El fútbol es como la caja de bombones de la madre de Forrest Gump: nunca sabes qué sabor va a salir. Nos despedimos de la temporada con un Madrid terrible, convertido en una máquina de triturar con aquellos 100 puntos y 121 goles y lo que vuelve es un grupo carente de empatía, gente con aire poco competitivo, que parece jugar como el que hace un trabajo que no le entusiasma y con unos compañeros que menos aún. ¿Dónde se perdió esto? En el malestar de Cristiano, probablemente. Esas cosas distraen mucho. Pero hay algo más. Parece que el grupo se ha saciado mucho con muy poco.
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Ganar una Liga está muy bien, y si es frente al Barça de estos tiempos mejor todavía. Y si con récords de puntos y goles, más aún. Pero ligas ha ganado el Madrid más de treinta, dos veces le he visto ganar cinco en serie, algunas muy difíciles y con tremendos registros, y nunca le vi saciado por tal cosa. Una condición clásica del Madrid es la de pretender ganar siempre y si acaso en algo ha sido indulgente consigo mismo, al menos desde que yo lo sigo, es con la Copa. Este aire de grupo colmado por un título de Liga en el que, seamos sinceros, sólo había un rival a batir, me resulta novedad en este club.
Mourinho dice que es su culpa y tiene razón. Para eso está él. Me sorprendió verle como le vi en la conferencia de prensa, casi abatido. El tratamiento de 'shock' tras el partido de Getafe no sirvió. Ahora insiste en ello, ¿servirá ahora? Mourinho ha cargado con todos los poderes y todas las responsabilidades y ahora que su megaestrella se proclama triste y que media docena larga de titulares juega con distracción no tiene a quién acudir. Pero menos que nadie puede rendirse él, porque de él cuelga todo y eso ha sido así por su gusto. Verle en horas bajas es lo más desconcertante de todo.




