Casillas, Xavi, Mourinho... Llegó la paz
Los Madrid-Barça son una bendición, le dice Mourinho a Joaquín Maroto en entrevista cuya primera parte editamos hoy. No puedo estar más de acuerdo, y celebro que el Jurado del Príncipe de Asturias haya aceptado la propuesta de Blatter de conceder el premio a Iker Casillas y Xavi Hernández, por su amistad por encima de la rivalidad. Esa amistad les permitió recomponer todo lo que se había roto en los terribles choques de aquello que dimos en llamar la 'Tormenta de Clásicos', con el estrambote de la Supercopa 2011, todo ello tan desagradable. Nada que ver con la reciente Supercopa.
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A esa amistad, que sobrevive a más de treinta Clásicos frente a frente, dediqué mi libro sobre la rivalidad Madrid-Barça ('Nacidos para Incordiarse') y a ella acudimos, con intención conciliadora, en nuestra portada en la víspera de la última Supercopa, en la que aparecían ellos dos, amigos, abrazados entre sí y a la Eurocopa, con las banderas española y catalana. 'El Clásico de la Concordia', titulamos, y así fue, lo mismo aquel, el de ida, que el de vuelta. Rivalidad no es enemistad, Madrid y Barça llevan 110 años de la mano, estimulados por una competencia que les ha hecho gigantes a los dos.
Mourinho, que confiesa que escogió el Madrid justo para enfrentarse al Barça, también les felicita. En aquellas discordias a que me refería tuvo bastante que ver, pero hace tiempo que se le ve otro. Aceptó su error con Tito Vilanova, asumió las palabras de éste ('el castigo son las imágenes') y aunque no se haya convertido en un Gandhi no es lo que era en cuanto a gusto por el conflicto, por más que muchos se empeñen en creer que sí, sin duda porque añoran aquello. Los Clásicos son una bendición. La amistad de Casillas y Xavi los enaltecen y el propio Mourinho lo ve así. Ha estallado la paz. Felicitémonos.




