El aficionado se siente zarandeado
Agosto es mes de mar o montaña, de ritmo relajado, que nuestro fútbol había utilizado hasta ahora para desperezarse. Ya saben: tiempo atrás, torneos de verano, que desde hace unos años están en problemas, sustituidos por giras por ahí, ofrecidas por tal o cual televisión. Pero nos han metido de hoz y coz en la Liga, con partidos jugados a más de treinta grados y el añadido de una confusión de horarios sobre la que ya me extendí el otro día. A muchos abonados el partido les cogió lejos de su ciudad, de vacaciones, de modo que han tenido que dar por perdido el primer encuentro. Y luego, los horarios.
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Ayer me crucé en la SER con un abonado de Zaragoza que vive en un pueblo de Huesca, a cien kilómetros de La Romareda. "¿Qué hago? ¿Voy con el niño y vuelvo a casa más tarde de las dos?". Estamos en una espiral perversa que se podría explicar así: para obtener más dinero para los futbolistas, los clubes tienen que jugar más partidos y televisar todos los que puedan, así que con los años ha ido habiendo más equipos en la Liga y más partidos en la Champions. También las federaciones quieren más y hay más partidos de Selección que nunca.... Así que el calendario salta por todas sus costuras.
Ahora invadimos agosto para terminar antes de la final de Champions, como desea la UEFA. Tenemos 20 equipos, en lugar de 18, tenemos copa a ida y vuelta, tenemos pausa invernal... Y además queríamos salvar agosto. Todo eso junto no lo tiene nadie. A eso se añade que para que Gol T pueda dar todos los partidos hay que buscar diez horarios en el fin de semana, lo que puede acabar en la invasión del viernes. El que va al campo sólo paga una tercera parte del fútbol, pero tampoco hay derecho por eso a zarandearle tanto. En otros países no pasa. En otros países esto lo lleva gente más sensata que Tebas.




