Broche magnífico de Gasol y los suyos
Quedaba menos de un minuto cuando la cámara captó el rostro magullado de Gasol. "No hemos venido a hacernos una foto con el Dream Team", había dicho la víspera Pepe Sáez. El rostro de Gasol lo confirmaba: el partido se escapaba, pero se había hecho todo lo posible. Fue una final grandiosa, a la altura de la de Pekín, otro alarde de este equipo que tanto ha durado (¿llegará a España 2014?) y del que tan orgullosos nos sentimos. El equipo USA nos dio importancia con los estallidos de alegría con que celebraban el corto despegue final, que les aseguraba el oro. Y nos saludó con respeto.
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Fue un buen final de los JJ OO por lo que a nosotros respecta. Hace una semana cundió el pánico, cuando nos vimos estancados en las tres medallas. Al final han sido 17. Nuestro puesto en el medallero, el 21o, no es el que debería corresponder a este país por su nivel general (Francia e Italia nos miran desde muy arriba) pero es lo que hay. Aquí se han cultivado más los clásicos deportes profesionales. Los otros, de tanta presencia en el programa olímpico, dependen de la voluntad y el tesón de personas excepcionales, héroes que sacan adelante como pueden sus especialidades favoritas.
Héroes casi anónimos, que ahora se caerán bruscamente de las pantallas de televisión, de los aparatos de radio, de las portadas de los periódicos. Una vez más hemos de pedirles perdón y darles las gracias. En especial a las mujeres, que han conseguido 11 de nuestras 17 medallas, un avance espectacular. Y sólo un reproche: a Odriozola, cuya federación se va con un cero que no es sino la consecuencia anunciada de su cerrazón, de su maniática forma de trabajar que busca la farfolla, llevar a muchos y olvidar la excelencia. Y ojo, que hablamos de atletismo. El deporte rey. Por eso es grave.




