Sergio Ramos, ¡qué torero!

Sergio Ramos, ¡qué torero!

El partido no fue gran cosa, vale. No fuimos mejores que Portugal, pero tampoco peores. Hicimos poco, apenas rematamos, fuimos cautelosos, aunque no más que Portugal. Tampoco hubo que tirar de Casillas. Así pasó el partido, en una tirantez difícil de soportar, los dos equipos a ver qué pasaba. Y no pasaba nada. Hasta la prórroga. Ahí sí, ahí España fue mejor. Apareció el nervio que el gran público pide, el deseo de riesgo, la presión, los extremos... Todo menos delantero centro, porque Negredo ya se había ido tras ser una sombra todo el partido. Pero fue una buena media hora. Una gran media hora.

Así que hubo que ir a los penaltis, donde el gran duelo presentido, Cristiano-Casillas, no se llegó a producir. Tampoco se produjo en todo el partido. Que yo recuerde, Casillas no le tuvo que parar ningún balón a Cristiano, muy bien controlado por Arbeloa y Sergio. Pocos tiros, dos de falta, todos fuera. Los penaltis empezaron mal: Xabi Alonso, el héroe del día de Francia, falló. Todo empezaba cuesta arriba. Pronto Iker, claro, restableció la situación. Y restablecida estaba cuando le tocó a Sergio Ramos tirar. El villano, el bruto del día del Bayern, el objeto de tantos chistes por aquel penalti fallado...

Alguna vez he recordado en esta columna que en la misma tanda los fallaron Cristiano y Kaká, balones de oro. Y la víspera, Messi. Sólo que Sergio es más caricaturizable, por su acento andaluz, su cuerpo de tarzán, su copa destrozada. Pues con todo y eso tuvo la torería de tirar a lo Panenka... ¡y marcar! Un gesto torero sin igual. Luego, Alves la reventó al palo y Cesc, otra vez él, como el día de Italia hace cuatro años, puso en el rincón el penalti decisivo. Cristiano ni llegó a tirar. Iker, Sergio y Cesc, más Piqué e Iniesta, que acertaron a su vez entre tantas emociones, se lo impidieron. Pasó el mejor. Pasó España.