Cuando era fácil ganar a Portugal...
Portugal es el país contra el que más veces hemos jugado, tantas que se pierde la cuenta. Para unos son 34, para otros, 35. El enredo viene de 1927, cuando concertamos para el mismo día dos partidos, uno con Italia y el otro con Portugal. Contra Italia jugaron los mejores, contra Portugal, los siguientes. ¿Vale ese partido? Portugal jugó con sus mejores y ganamos 2-0, así que casi mejor si lo contamos, ¿no? Tiempos en que siempre ganábamos a Portugal. Tanto fue el hábito que una vez que lo vio mal, Hernández Coronado anunció: "Voy a tener el honor de ser el primer seleccionador que pierda con Portugal".
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Y, sí, perdió 4-1... y le echaron. Portugal tenía unos tales Peyroteo y Travaç os de los que aún se hablaba muchos años después. En los sesenta echó al mundo la generación de Eusebio y compañía y desde entonces es una selección de poder, con altibajos, eso sí, como todas, a la que sólo le falta una gran corona para ganar consideración mundial. Después de Eusebio ha dado otros dos Balones de Oro, Figo y Cristiano, y de los doce últimos partidos que hemos jugado contra ellos sólo hemos ganado dos. El último lo perdimos por 4-0, recuerdo, en aquella rachita de amistosos jugados perezosamente.
Así que ya no hay bromas con Portugal, por lo demás país vecino y hermano, compañero en todas las aventuras de la historia: íberos, celtas, romanos, visigodos, musulmanes, reconquista, exploraciones, imperio colonial, venida a menos, dictadura, democracia... Todo de la mano. Ahora ellos tienen a Cristiano Ronaldo y nosotros tenemos el tiqui-taca respaldado por Casillas y sus cuatro estupendos defensas. Noventa minutos de buen fútbol, con el contraste de estilos del que ayer les hablé: la pausa frente a la galopada. Se trata sólo de un partido de fútbol, pero, ¿qué hay más importante?




