El Atlético, el Athletic y la Santa UEFA
Los socios del Atlético y el Athletic están agitados en busca de una entrada para la final de Bucarest. Los viajes son carísimos (de 550 euros para arriba, ida y vuelta en el día) pero aún así la demanda es muy superior a la oferta. De un estadio de 55.200 espectadores (precioso, por cierto) sólo se envía a cada club 8.980 entradas. El resto, salvo 3.500 que se vendieron por internet hace algunas semanas, se las queda la UEFA, para compromisos, sponsors, amiguetes y chanchullos varios. A la hora de la verdad habrá claros en el estadio y eso que bastantes saldrán a la reventa a través de un bien engrasado mercado negro.
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Da rabia. Se admite que el organizador se reserve un porcentaje razonable para sí mismo y sus compromisos. Siempre pasó. Pero eso ha ido a más de una manera escandalosa. Ya lo de la final de Copa del Rey me parece un abuso: de las 52.000 localidades del Calderón, van 19.500 para cada afición y el resto son para hueveo y mangoneo. Hablo de 13.000. Me parecían muchas, como mucha es la decepción de tantísimos hinchas del Athletic y del Barça que hubieran querido ir al campo. Pero es que en el caso de la UEFA lo que se queda son 34.000, en un afán acaparador de dimensiones casi paranoicas.
La UEFA dirá que puso en venta en internet aquellas entradas por anticipado. Sí, cuando se jugaban los octavos de final. Eso sólo sirve para activar mecanismos de reventa, a los que ya están acudiendo algunas agencias de viaje, a las que compensa el sobreprecio de la entrada por el estacazo que pegan en el billete. Mientras Atlético y Athletic se agobian por el exceso de peticiones, la UEFA se acomoda en su torre de marfil para gozar del dineral e influencias que su próspero negocio le procura. Espero que Platini, cuya llegada despertó las mejores esperanzas, pueda algún día explicar esto.




