Messi pinchó la final que soñábamos
Se esfumó la final soñada. Hemos estado muy cerca, queríamos ese partido, pero ya no lo vamos a tener, pase lo que pase esta noche, sobre lo que luego iré. El Barça, que hizo muchísimos méritos en Londres, hizo menos en Barcelona, aunque aun así pudo pasar. Jugó mucho tiempo contra diez, dispuso de un penalti, pero... Como el sábado, ante el Madrid, le faltó un punto de inspiración. Anoche, además, se enfrentó a un cerrojo de los de época, sólo comprensible en un equipo que juega con diez y se ve clasificado. Hemos visto al Barça saltar cerrojos así, pero le faltó un punto de inspiración.
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De suerte también, sí. Pero no todo lo explica la suerte. Cuando un jugador lleva fallados tres penaltis de trece en la temporada es que no es el especialista que merece un equipo así. Desde que los tira en el Barça, Messi ha fallado 8 de 34. Cristiano, por no retroceder a infalibles remotos, como Kubala o Puskas, ha marcado 25 de los 26 lanzados para el Madrid. El fútbol es un juego de instantes, en el que los pequeños detalles tienen su importancia, y este del lanzador de penaltis no es tan pequeño. En fin, que pasó el Chelsea, cargado de tarjetas, con cuatro suspendidos: Terry, Meireles, Ramires e Ivanovic.
Eso hace muy tentadora la final de Múnich, a la que el Madrid se asoma a través del partido de esta noche, un duelo más ante el Bayern, que también trae un resultado a defender. El Bayern altivo y temido de siempre, con amenazas renovadas: Robben, Ribéry, Gómez... Pero el Madrid de esta noche va a ser un equipo crecido, más seguro de sí mismo que nunca en los últimos diez años, con un Cristiano imponente y firme y arropado por un Bernabéu entusiasta al que los resultados del sábado y de anoche habrán terminado de enardecer. Será una gran noche. El premio es una final. La mejor final.




