Golpe de autoridad y un gol glorioso
Nunca en los tiempos recientes, ni tengo memoria de los remotos, el Madrid había pasado con tal autoridad su visita al campo de Osasuna. Fue tremendo, fue una confirmación más de que este equipo es colosal, y sólo la sombra próxima del Barça de estos días impide que se le proclame ya como un equipo mítico. Aunque, quién sabe, quizá alcance esa condición justamente por la valía del Barça, sobre el que puede quedar si vuelve a acumular partidos de estos. El bache parece haber quedado atrás. Este 1-5 en Pamplona supone un tremendo golpe de autoridad ante lo que falta.
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Todo empezó con un gol de fábula, un gol para colgar en el Museo del Prado. Tan bonito y difícil que supera aquella perla de Van Basten en la final de la Eurocopa ante la URSS. Tan glorioso que casi da pena que después pasaran tantas cosas en el partido, porque hubiera merecido quedarse solo para brillar más. Aunque todo lo que pasó mereció también un marco. Cristiano hizo dos goles y dio otros dos, Higuaín marcó dos y además entre ambos dejaron escapar otro por un quítate tú y déjame a mí que resolvieron más tarde. Osasuna hizo el suyo para un 1-3 que pareció revivir el partido, pero no...
Un Madrid, por cierto, sin Khedira ni Lass. No tengo nada contra ellos, pero se puede jugar y mandar en campos de aúpa (y este lo es) con Granero y Xabi Alonso. La apuesta por la calidad me sigue pareciendo la más segura de todas, y cuantos más años llevo viendo fútbol más me ratifico en ello. La España de estos días, el Barça de estos días, el Athletic que ayer cayó en el Camp Nou pero que está dando que hablar en Europa, confirman eso mismo. No sé qué hará Mourinho desde ahora (aunque lo supongo), pero a mí me convence más esto. Y noches como la del Reyno de Navarra me ratifican en la idea.




