Cristiano y Messi, esos dos genios
Partido de los de antes en Vallecas, de luz diurna, animación continua de los bukaneros, campo irregular, brío por las dos partes, entrega plena, emoción... De ese partido sacó los tres puntos el Madrid por una genialidad de Cristiano y por verdadera desdicha del Rayo, que tuvo tres ocasiones espléndidas y se le escaparon: un tiro de Piti que fue a la escuadra, rebotó y voló hasta el otro palo para escaparse a córner; un remate de Michu alto, con todas las ventajas; y una pifia increíble de Armenteros a portero batido. Amén de un paradón de Casillas a taponazo sensacional de Casado.
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Buen Rayo, estupendo Rayo. Pero el Madrid tiene la suerte del campeón de cara, tiene a Cristiano, jugador de época (además del gol exigió a Joel con dos zambombazos magníficos) y de nuevo la benevolencia arbitral de otros tiempos. Un codazo de Sergio en el área acabó en amonestación a Diego Costa, la expulsión de Michu no la veo por ningún lado y Borbalán hasta le negó un último córner al Rayo, lo que terminó de desatar el enfado. El Rayo se fue derrotado, pero su gente respiraba orgullosa. Un buen equipo, pleno, aplicado, excelente. Sometió al Madrid a problemas mayúsculos.
Partidos así son los que dan la Liga. Un pinchazo hubiera metido en carrera al Barça, al menos aparentemente, pero cuando los de Guardiola saltaron al Calderón estaban a trece puntos. Y allí vimos otro partido hermoso, resuelto también por una genialidad, esta de Messi. El Atlético, como el Rayo, perdió pero satisfizo a su afición, que no paró de cantar y de disfrutar y que también se fue irritada con el arbitraje, particularmente con una mano final de Busquets. Dos partidos grandes que dejan la Liga como estaba, pero que honran al fútbol y la categoría extraordinaria de esos dos grandes genios: Cristiano y Messi.




