Sobre el brusco cambio del Atlético
Poco después de que Platini elevara a Villar a los cielos, el Atlético confirmó que va en serio. Al poco de empezar el partido encajó su primer gol desde que está el Cholo (hay una primera vez para todo, como dijo Mourinho) pero después plantó sus reales sobre el campo y se llevó el partido con poderío y remate. Buena semana para el Atlético. Vuelve con el alma purificada tras su visita a Benedicto XVI (que no Benito) y con la clasificación para la siguiente ronda muy amarrada. Si la primera media temporada del Atlético fue una calamidad, la segunda pinta bien, en la Liga y en la Europa League.
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Son los mismos jugadores, sólo ha cambiado el entrenador. ¿Tanto puede hacer un entrenador? La gente se lo pregunta por la calle, algunos me lo preguntan. Son los mismos, ¿tan malo era Manzano? Manzano ha funcionado en otros equipos, pero en el Atlético se ha visto un peldaño por encima de su biotopo. Cuanto más arriba, más frío hace. Manzano empezó cediendo autoridad al doblegarse cuando le exigieron prescindir de su ayudante de siempre y en ese sentido los futbolistas son inflexibles. Si el jefe es débil, esto es jauja. Nada grave, nada personal, todo natural y tan viejo como el fútbol.
Simeone llegó con otra fuerza. La afición le quería, los dueños no tienen más remedio que respetarle porque bastantes problemas tienen, y los jugadores estaban a contrapié, culpables del fracaso de un buen hombre. Se fue Reyes, todo el mundo se puso a trabajar, se inflamó la ilusión y el resultado es este: un equipo que no se parece en nada al que cayó en la Copa ante el Albacete. Ahora se hace más lamentable que nunca recordar cuánto se dilató esta decisión. No siempre da resultado cambiar al entrenador, pero este es un caso de catálogo: los jugadores no creían, ahora creen. Y creer es querer.




