Contador se había comido la prueba...
Nos sabe mal, pero es lo que hay. Contador tenía clembuterol en su organismo y eso está penado. Argumentó que le había llegado por un filete contaminado. Aquí estuvo, en AS, tres horas hablando con nosotros y la mayoría nos inclinamos a dar por buena su versión, a pesar de todo lo azarosa que parecía. Comparto playa con López Cerrón y alguna charla me ha dedicado con todos los detalles. Pero lo que Contador sostiene no lo puede demostrar, porque si había prueba, se la comió. Así que le caen dos años, pierde doce victorias (entre ellas un Tour y un Giro) y sufre una multa de 2,5 millones de euros. 'Dura lex, sed lex'.
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Me duele, como a casi todos aquí. Sólo nos faltaba esto, después de tantas sospechas, de las injurias de Noah, después de la devoción que todos sentimos por este corredor, que escogimos como imagen de un nuevo ciclismo, más limpio. Y me duele más aún porque, de nuevo, no hemos dado la medida. Nuestra Federación le exoneró previo pronunciamiento de Zapatero y Rajoy en su favor, ejercicio de idiocia que se debieron ahorrar y que ni siquiera vino acompañado de una investigación sobre qué tipo de carne se vende en Irún. El desenlace nos deja de nuevo como un país que tolera el doping.
Pero que esto no sirva para descalificar a nuestro deporte en general. Aquí sólo tenemos problemas serios de doping en ciclismo y atletismo. No es justo hacerlos extensivos al resto, como se pretende muchas veces, con esa idea de que cuantos más, mejor. Y que tampoco sirva para recargar la inquina contra los franceses. Ninguno de los tres jueces del TAS era francés, el laboratorio que detectó el clembuterol era alemán, la UCI la preside un irlandés, la AMA un australiano. A Francia le debemos la Revolución Francesa, la Copa de Europa, los JJ OO y el Tour. Dejémosles en paz en este caso, aunque Noah sea un nota.




