Falló Willy y, sobre todo, el físico

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Sería injusto sentenciar a Sergio Sánchez por aquella errónea cesión en el Bernabéu (acabó en gol de Higuaín) que enchufó al Real Madrid en la eliminatoria o a Willy Caballero por no sujetar el flojo disparo de Benzema. El Málaga había puesto de los nervios a su poderoso adversario a quien se le atravesó el entramado que colocó Pellegrini y la velocidad de Eliseu, que volvió a ser extremo tras más de un año siendo lateral. Fallos dolorosos, sí, pero resultado de una realidad sobre la que debería reflexionar el técnico chileno. A este Málaga sólo le dura la gasolina 55 o 60 minutos. De once señores que comienzan corriendo, sólo resiste Toulalan.
El Málaga no tuvo más remedio que sobreponerse al enésimo conflicto entre el preparador y Apoño, cuyos reiterados castigos han dado como resultado un centro del campo donde el galo corre por cuatro, pero este hombre no tiene el don de la ubicuidad. El error de Willy es cruel. Es un portero poco dado a fallar, sobrio, seguro y a quien le costó cinco sacrificados años en Segunda llegar hasta Primera. No. No es el culpable. Es un señor. Todo un Caballero.



