Yo digo Guillem Balagué

España, el termómetro de Inglaterra

Guillem Balagué
Redacción de AS
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Hace un par de años, Wayne Rooney, tras otra actuación mediocre de la selección, respondió a los abucheos de Wembley con un "sí, eso, vaya hinchada, que solo sabe silbar", mirando a una cámara de televisión. Le salió de dentro, cansado de la cultura del desencanto, esa que lo quiere todo y ahora, y si no lo consigue se cree en el derecho de criticarlo. Los ingleses, tan racionales en casi todo, en el fútbol son extremistas: han decidido que su selección solo puede ser objeto de bromas, hartos de no conseguir títulos, ni siquiera acercarse a ellos desde la Eurocopa del 96.

Nadie da un duro por los pross y se espera, algunos desean, una humillación que ponga en su sitio a sus jugadores, considerados por la mayoría como unos jóvenes ricos, poco interesados en el colectivo, millonarios y descabezados. Pero los extremos se tocan. Solo hace falta un buen empate contra los campeones del mundo para cambiar la canción: se hablará de opciones de todo. Si son capaces de, siquiera empatar, con un equipo experimental (Capello prefiere perder, empatar o ganar con los más jóvenes y proteger a los veteranos) es que se puede ganar una Eurocopa. El desdeño tan sonoro y público de la afición inglesa solo oculta el firme deseo de volver a ser competitivos.

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