Un horario que disgusta al jugador
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No he encontrado a un solo jugador que le guste la idea de empezar tan pronto a jugar al fútbol olvidando quizá que antes de ser profesionales, en esa era que tantos echan de menos, era un horario habitual. Un partido de alevines o juveniles era eso que pasaba al principio del día y de lo que se hablaba el resto de la jornada. Por si ese descontento era sólo nuestro, pregunté a un holandés (en la Eredivisie se juega a las 12:30h.) y a un inglés (la Premier lo hace a las 12:45h., especialmente derbis, antes de que la cerveza haga estragos: aunque eso no impide empezar la dieta alcohólica a las 09:00h.). Y lo mismo.
Gio Van Bronckhorst no acabó de acostumbrarse a los encuentros matutinos tras volver de nuestra Liga: prefería comer, paseo y siesta antes del partido porque no sentía que su cabeza estaba para grandes esfuerzos (mentales y físicos). Wayne Rooney me dijo lo mismo: le agobia tener que comer pasta a las nueve de la mañana. En todo caso, si para algo sirvió el partido con sol, además de para aquello de abrir nuevos mercados, fue para que las marcas estuvieran un poco menos ajustadas, que la aceleración fuera atropellada, que los centros fueran defendidos más bien mal. Para que saliera un partido entretenido, vamos.




