Esto es España: el tiqui-taca sin Messi
Cuando Suiza nos ganó en el Mundial, un amigo me dijo: "Eso es el tiqui-taca sin Messi". Cuando cayó Argentina, me permití la revancha: "Eso es Messi sin el tiqui-taca". No lo traigo aquí para hacerme el listo ni para hacer de menos a ese amigo, un gran hombre del fútbol del que aprendo muchas cosas, sino para poner de relieve las dificultades que ha tenido que vencer este estilo. El tiqui-taca (la expresión, que yo sepa, se debe a Clemente, que la utilizaba con ánimo peyorativo, y luego la popularizó, con intención positiva, el nunca olvidado Andrés Montes) pone impaciente a gran parte de la afición.
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El mérito fue de Luis, no tengo duda. Es cierto que retrasó la apuesta, empujado posiblemente porque los buenos extremos de la época (Joaquín, Reyes y Vicente) no llegaban a marcar la diferencia, los dos primeros porque eran como eran y el tercero por lesión. Para mí hay una fecha fundacional, que es el Inglaterra-España de Manchester, del 7 de febrero de 2007. Ese día, cuando en el 55' entró Iniesta por Angulo, quedó configurado de medio campo para delante el modelo que luego habría de imponerse. Ganó España con gol de Iniesta, por cierto. Como en la final de la Copa del Mundo, tres años después.
Es un modelo que resulta premioso para gran parte de la afición, que en el fondo lo tolera porque viene acompañado de éxitos sin precedentes. Pero con él se acapara el balón, se saca del partido al rival y tiene más peligro del que parece, porque de la aparente nana sale en cualquier momento un pase de gol. Luis lo lanzó, Del Bosque lo ha retocado lo justo, blindando más la zona donde antes sólo jugaba Senna, pero tanto monta monta tanto. Lo que el Barça hace con Messi lo hace España sin él, gracias a Xavi, Iniesta, Silva y compañía. Es una delicia verlos. Y un alegrón sumar tantos récords.




