Una sanción política después de 49 días
Han pasado 49 días desde aquello. Han pasado bastantes cosas en la vida de los dos clubes, entre ellas seis partidos de Liga y dos de Champions, con sus 67 goles, más un parón para las selecciones, que Casillas y Xavi aprovecharon para hacer las paces. Han pasado hasta sendas minicrisis de resultados, felizmente resueltas por los dos. Guardiola se ha posicionado a favor de Laporta produciendo un espectacular desaire a Rosell y Florentino ha redefinido el señorío para adaptarlo al estilo Mourinho. A Messi le han birlado tres penaltis y Cristiano se ha sentido perseguido por guapo y rico.
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Todo eso ha pasado en este tiempo y algunas cosas más que no me cabían en el párrafo. Y ahora, después de todo este tiempo, sale esta sanción que sirve para reflotar la imagen que nunca debió producirse y para encizañar de nuevo. ¿Por qué ha tardado tanto, si lo de Özil y Villa se resolvió al momento? La explicación es porque no estaba en el acta (¡ay, ese cuarteto arbitral!) y ha habido que instruir y superinstruir el caso, 49 días instruyéndolo, dale que te dale. ¿Tan complejo era? Un señor le mete el dedo en el ojo a otro y este le responde con una vistosa colleja. Terrible la profundidad jurídica del caso.
La verdad del cuento es que todo lo del Madrid y el Barça es material inflamable, y más si anda Mourinho de por medio. La Federación trató de obviar el caso pero la UEFA, que nos tiene en el punto de mira por la debilidad sancionadora, hizo llegar que la escenita no podía quedar impune. Así que han sido 49 días de ponme el toro al sol, ponme el toro a la sombra, para al final parir este ratón, una sanción que apenas lo es (la Supercopa queda lejos, y vaya usted a saber...) y que ahora sólo sirve para refrescar aquella imagen y agitar de nuevo los malos rollos. No hacen justicia, hacen política.




