Red Bull debe aclarar sus cuentas
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Cuando un deportista exhibe una superioridad manifiesta, es habitual que sus rivales busquen una explicación a la misma (asumir la derrota nunca es fácil). Está ocurriendo así con el homenaje que Red Bull lleva dándose las dos últimas temporadas de Fórmula 1, especialmente ésta de 2011; los otros equipos con ambiciones no entienden cómo es posible semejante hegemonía y empiezan a buscar argumentos mirando debajo de las alfombras. Tienen dudas, diría que razonables, sobre que vender tantas latas de bebidas energéticas les permita gastar más dinero de lo autorizado y, sin señalar abiertamente ante la falta de evidencias, han comenzado a insinuarlo de forma pública, apoyados en ciertas auditorías que avalan tales sospechas.
No diría que Red Bull sean los únicos que quizá inviertan en su programa más de lo permitido, pero sí que es cierto que su privilegiada supremacía les deja en una situación de mayor exposición a las especulaciones. Por eso creo que deberían ser muy claros al respecto, dejarse de excusas por la privacidad o la información sensible y demostrar que se ciñen a la legalidad del acuerdo entre los equipos. Porque sería triste que sus éxitos, enormes e incontestables, quedaran minusvalorados por la sombra de la duda, por el fantasma de una trampa que quitaría lustre a unos campeones que, sin discusión, merecen lo que han conseguido. Pero, claro, siempre que jueguen con las mismas cartas que los demás, no con una baraja marcada...




