Yo Digo Raúl Romojaro

Dos décadas para una leyenda

Raúl Romojaro
Redacción de AS
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Mi gran ídolo en la F-1, para ponernos en situación, siempre ha sido Ayrton Senna y creo que ocurrirá por mucho tiempo. Dicho esto, suena a perogrullada afirmar que Michael Schumacher es toda una leyenda de este deporte, porque desde luego, otra obviedad, a nadie le regalan siete títulos. Ni siquiera teniendo el mejor coche en muchas ocasiones o usando artimañas poco deportivas. El talento del alemán es indiscutible, así como su mentalidad ante el desafío del triunfo, exhibiendo una voluntad de superación y una capacidad de trabajo descomunales (sólo él fue capaz de sacar a Ferrari de veinte años de ostracismo). Hoy le tenemos de vuelta a los grandes premios tras su primera retirada, algo que también siendo discutible no deja de ser encomiable.

Asumiendo, por tanto, que nos referimos a un fuera de serie, a un grande entre los grandes con un palmarés que posiblemente nadie iguale ya jamás (la rivalidad es cada temporada mayor) debo reconocer que, personalmente, nunca ha sido un piloto que me haya emocionado. Quizá su carácter germano, su frialdad, sus controvertidas maniobras ocasionales o yo no sé qué, pero lo cierto es que jamás me ha transmitido lo que otros pilotos a lo largo de los años, desde luego con una trayectoria menos laureada que la suya. Es una cuestión, supongo, de empatía, de sensibilidad, de carisma o de cercanía con el héroe. Claro que mi opinión no tiene trascendencia alguna, no más que cualquier otra, pero también me da la impresión de que no soy el único que ve así al gran Schumi...

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