En Spa no hace falta el DRS
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Nunca he estado en Spa-Francorchamps en una carrera de Fórmula 1. Pero sí que conozco bastante bien el circuito belga de muchas visitas en mi época de enviado especial de AS a los grandes premios de motos, cuando el Mundial recalaba también en este escenario. Y sobre dos o cuatro ruedas es evidente que se trata de una pista excepcional, de ésas que no dejan indiferente a nadie, para pilotos de verdad y que no tiene nada que ver con algunos modernos trazados diseñados por ordenador, en mi opinión carentes de personalidad y magia. Cada metro es un desafío, pero algunas de sus zonas clave son sencillamente imponentes, como la legendaria Eau Rouge, que ahora cobra actualidad a costa del debate sobre la conveniencia de prohibir allí el uso del DRS.
Eau Rouge es una de esas curvas que por mucho que se pretenda definir no se consigue en toda su magnitud. Ni siquiera viéndola por la televisión tendremos una referencia real de lo que es aquello; hay que estar allí, al borde de la pista, para descubrirlo y poder frotarnos los ojos para ser capaces de asumir que los monoplazas pueden pasar por ese punto a toda velocidad. Por eso me parece bien que se limite la utilización del alerón trasero móvil en una zona tan comprometida y exigente; es más, diría que en Spa ni siquiera haría falta el DRS, porque su dibujo invita a las gestas sin necesidad de artificios. Y no digamos si, como es bastante frecuente, la climatología decide ser también protagonista a lo largo del gran premio. Una locura, bendita locura




