Yo digo Raúl Romojaro

Un sistema de enorme exigencia

Raúl Romojaro
Redacción de AS
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La vida, la competición y el deporte son exigentes. Y puede que la Fórmula 1 más que ningún otro, porque hay tan sólo 24 volantes para los, teóricamente, mejores pilotos del mundo. Por eso en los grandes premios nadie regala nada y el propio sistema resulta especialmente severo con sus protagonistas. Pero diría que la filosofía del paraguas Red Bull es la más cruel de todas, un planteamiento resultadista que mantiene en una especie de evaluación continua a sus pupilos. Presión, presión y más presión, sobre todo para los más jóvenes, para los que acceden a un puesto en el equipo cantera, Toro Rosso, puerta de acceso a los grandes premios y trampolín a la primera escudería, la que da opciones a todo, a luchar por las victorias y los títulos, como ha hecho Vettel.

Personalmente, y es sólo una opinión, no tengo muy claro que la fórmula sea la ideal. Esa espada de Damocles siempre amenazante puede provocar en quienes la sufren más tensión y ansiedad que motivación y eficacia. Creo que un piloto de F-1 tiene suficientemente claras sus ambiciones como para estar recordándole, día sí y día también, lo que debe hacer. Tost dice ahora que a final de año decidirán el futuro de Alguersuari y Buemi, también el de Ricciardo. Pero en sus declaraciones hay siempre una ambigüedad y un tonillo amenazante que no me parece nada saludable. Pienso que si a un piloto hay que apretarle tanto y tan a menudo para que rinda, mal asunto... Esto es un deporte de hombres, de héroes, no de niños de guardería.

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