Contador tiene derecho a no ganar
No hay deporte con la grandeza épica y estética del ciclismo. Esos duelos descomunales, a Naturaleza abierta, poniendo a prueba los límites físicos, horas conviviendo con el dolor, con la fatiga, con el riesgo cierto a una mala caída. Jornadas como la de ayer, rematada en el centenario Galibier, o como la de hoy, que concluirá en el Alpe d'Huez. Deporte hermoso, aunque no siempre salga bien, o aunque no siempre salga como hubiéramos deseado. Empezamos el día imaginando a Contador y Samuel llegando arriba de la mano, y lo terminamos dando por perdidos los objetivos de ambos.
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Pero eso sólo habla de la grandeza de sus rivales, particularmente de Andy Schleck, el héroe de la jornada. Tras pasar los Pirineos como desdeñoso, escatimando y confiando las escaramuzas a su hermano mayor, ayer se desenvolvió como un grande: fugado en el Izoard, escapado al final, resistiendo el ataque de Cadel Evans. Entre ellos dos estará el Tour. Schleck necesita otro golpe hoy, Evans tiene una baza en la contrarreloj de mañana, en Grenoble. Contador arría sus pretensiones. Ayer, no pudo perseguir a Schleck primero ni aguantar la marcheta de Evans después. Este no será su Tour.
Respetémosle en la derrota. Concedámosle el derecho a no ganar siempre. Ayer recibí mensajes del tenor de 'ahora se nota que cuando no toma, no va'. No me gustaron. El suyo es un caso difícil. Personalmente tengo que decir que pasó por AS, estuvo dos horas y media dándonos explicaciones sobre el asunto y quedamos convencidos, y eso que éramos escépticos. Cuando llegue lo que llegue, atengámonos a la verdad oficial. Entre tanto, aplaudamos en la etapa de ayer al vencedor y al vencido. Y junto a ellos a Henri Desgrange, bajo cuyo monumento pasaron ayer los hijos de aquella grandiosa idea.




