El entrenamiento como base de la evolución
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Sería difícil imaginar que un ciclista se preparase para disputar el Tour saliendo a montar en bici un día por semana; o que los equipos de fútbol sólo pudieran entrenarse el viernes previo a la jornada de Liga; o que un atleta se pusiera a punto a dos meses vista de buscar las medallas en unos Juegos... Porque el entrenamiento es la base de la búsqueda de la excelencia en el deporte, un trabajo constante, programado, intenso y metódico que permite a quienes lo practican evolucionar y enfrentarse a desafíos cada vez más ambiciosos. Y eso es justo lo que no se puede hacer en la Fórmula 1, donde además de la progresión del piloto es esencial la que corresponde a la mecánica.
Parece evidente que en los tiempos que corren, con las apreturas económicas que afectan incluso a las grandes escuderías de la F-1, los ajustes y controles presupuestarios son inevitables. Se acabó la barra libre y el despilfarro. Pero todo en su justa medida. Se debe buscar el equilibrio entre la racionalidad en el gasto y la posibilidad de que un equipo mejore, la opción de que pueda subsanar los problemas que se vaya encontrando a su paso. Y es que, además, sin entrenamientos puede llegar a producirse la paradoja de que el desarrollo sea incluso más costoso: las escuderías tienen que moverse casi exclusivamente en el terreno de la teoría, ultimando soluciones que, más tarde, se muestran fallidas en la práctica. Y vuelta a empezar... Por eso me parecía positivo que se decidiera abrir un poco la mano en este sentido, sobre todo si los que lo reclaman son los grandes damnificados.




