El domingo que tenía que llegar
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Sé que decirlo hoy es fácil, que puede sonar a ventajista. Pero como lo he escrito tantas veces a lo largo de esta temporada, me siento legitimado para reiterar ahora que sabía que este domingo tenía que llegar. Para mí estaba cantado que Ferrari, y más concretamente Alonso, ganaría algún gran premio esta temporada. Me negaba a admitir, como muchos postulaban, que una escudería como la de Maranello pudiera echar por la borda un Mundial completo, bajar los brazos con la cobardía de los débiles y resignarse a la suerte de los perdedores. Eso no sería la Scuderia, sería un fraude...
Su monoplaza ha mejorado y su piloto, como casi siempre, ha estado a la altura de las exigencias, con una carrera impecable que, personalmente, creo que hubiera ganado incluso sin el fiasco de Red Bull en boxes (ya era hora que les tocara a ellos, dicho sea de paso). La incógnita ahora, que yo al menos mantengo, es saber si lo de Silverstone ha sido un espejismo o realmente la evolución de Ferrari dará cobijo a la esperanza en lo que queda. Es evidente que el título sigue sonando a quimera imposible, pero también es cierto que sería muy bonito disfrutar de Alonso a su mejor nivel, peleando por ganar, en todas las carreras que faltan.




