Stoner disfruta de su luna de miel con Honda
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Me contaba ayer Mela Chércoles que se había encontrado con un Stoner más sereno y sosegado que nunca, con las ideas muy claras y disfrutando de un momento dulce. Y leyendo su magnífica entrevista, da toda la impresión de que es así. No es para menos. Me parece que el australiano, de vez en cuando, todavía se frota los ojos para asegurarse de que es verdad lo que le está ocurriendo. Ciertamente, sin entrar en valoraciones al respecto, el estilo de trabajo de Honda tiene poco que ver con el de Ducati, ya saben, japoneses frente a italianos, orientales contra latinos. Pero más allá de estrategias empresariales o filosofías de vida, lo que más debe valorar el líder de MotoGP son las virtudes de su moto.
Stoner pasó unos primeros años complicados en la categoría reina, aprendiendo a base de golpes (en el sentido literal de la frase) los secretos de pilotar una moto de esa potencia y exigencias. Y de ahí, de cabeza a la Desmosedici, un potro desbocado, de fuerte carácter y que regalaba todo su potencial sólo a quienes eran capaces de domarla. Así que ahora, cuando se ha subido en una RCV que parece ir sobre raíles, rapidísima pero noble y fiable, debe estar alucinando. Ya lo dijo el primer día que la probó en Valencia justo al acabar la temporada 2010, así que hoy, ocho meses después, sigue en plena luna de miel con esa nueva pareja que también le da muchas satisfacciones... aunque exigiéndole bastante menos a cambio que la perversa moto roja.




