Por favor, no hablemos de milagro

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No sé si es la influencia del efecto de la beatificación del Papa Juan Pablo II o la triste falta de confianza de algunos en las posibilidades del Real Madrid, pero creo que, en los últimos días, se está abusando de la palabra milagro cuando se habla del partido de esta noche. Según el diccionario de la Real Academia Española, un milagro es un "hecho no explicable por la leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino". Vamos a ver: si seguimos a los que usan de forma desmesurada esta palabra (muy bonita, por cierto), que el Madrid gane en el Camp Nou y se clasificase para la final sería uno de los acontecimientos más sorprendentes y fabulosos de la historia del fútbol. Pensar de esta manera es relegar al club blanco al rango de equipo diminuto sin pasado y sin títulos. ¡No, no y no! Me niego a aceptar este desprestigio.
Por supuesto que el triunfo sería una gran hazaña y una fuente de inmensa alegría para el madridismo, pero sin duda también es algo que se podría (y se debería) considerar, en cierta medida, como normal. El Madrid lleva en sus genes una capacidad vencedora que le ha elevado al rango de Mejor Club del siglo XX. Nunca puede parecer el pequeño ni tampoco el débil. Y ahí está el testimonio de Steve McManaman, un buen hombre y un buen futbolista, para recordarnos que, también en el siglo XXI, los merengues han seguido con orgullo y valentía el camino que otros sólo están empezando a recorrer en estos últimos tiempos. Así que dejemos estos nuevos e inapropiados complejos de un lado y no hablemos más de milagro, por favor. El Real Madrid debe vencer porque es lo suyo. Siempre ha sido de esta manera y siempre lo será...



