Bajo la mirada del mundo

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Mi sobrino de ocho años me comentó hace poco que, en el patio de su colegio, los niños organizaban partidos de fútbol Real Madrid-Barça. Sería algo normal, por no decir evidente, si mi sobrino viviera en España. Pero no, estamos hablando de los colegios de Francia. Eso significa que estos chavales se sienten más identificados, sueñan más con los dos grandes clubes de este país que con, por ejemplo, el Paris Saint-Germain o el Olympique de Marsella. Y pasa igual en muchos países del planeta fútbol.
Esta nueva realidad me parece una maravillosa noticia para este país llamado España, para su imagen internacional y, quizás también, para su autoestima en unos momentos en los cuales se habla siempre de crisis económica. Sin embargo, tanta fama y tanta admiración conllevan una enorme responsabilidad para todos los que esta noche permitirán la escenificación del gran espectáculo del Clásico. Tanto Madrid como Barcelona y sus respectivas directivas y aficiones ejercerán de embajadores de España por los cincos continentes. Un papel que tienen que tomar muy en serio. Por esa razón, me alegro de que las peñas culés de Madrid hayan podido celebrar anoche, en Torrejón de Ardoz, una gran cena pro-Barça con total normalidad. Muy buena señal.



