Preciado deja sin Liga a Mourinho
Dios castiga sin piedra ni palo. La frase se la escuché hace ya muchos años a una abuela en Infiesto. Asturiana, precisamente. Nunca la había oído y se me quedó. Ayer me vino a la memoria cuando Preciado se abrazaba a sus jugadores, eufórico, y Mourinho a su vez compartía el pésame con los suyos. Fue una estampa de fin de temporada. Dos horas antes de que el Barça saltase a El Madrigal, el Madrid resignaba el campeonato con una escenificación espontánea. Nadie lo preparó, les salió así. Lo provocaron Preciado y su Sporting, haciendo, y muy bien, eso que se llama 'su partido'.
Noticias relacionadas
Mourinho tuvo su primera gran bronca (otras no tan grandes había tenido antes) con Preciado y el Sporting, por aquella acusación de entreguismo ante el Barça. Sigo pensando que no le faltaba razón, pero a Preciado se le juntaron tres partidos y rotó como creyó conveniente. Otros lo hacen. Hasta el Madrid. Y hay códigos que los entrenadores respetan. Mourinho, con eso tan suyo de ponerse el mundo por montera, levantó un vendaval. Ayer, por contra, pasó al vestuario a felicitar uno por uno a los jugadores del Sporting. Esta segunda versión, impostada o no, es mucho mejor que la otra.
Todo al final de un partido muy mal jugado por el Madrid, que no mejoró en los cambios y que sólo con el arrebato terminal de orgullo creó algunas ocasiones, locas y ya sin tiempo. Está visto que sin Xabi y Marcelo el equipo se ofusca. Y sin Cristiano pierde todo lo que éste supone de brío, remate y alboroto. Tampoco el Sporting tenía esos tres jugadores. Lo que sí tenía era un plan bien proyectado y bien servido. Por eso ganó. Luego, claro, también ganó el Barça. Por fútbol, por portero y por la consabida ración de villarato, que nunca falta. Total, ocho puntos, todo un mundo.




