Ganó el fútbol, perdió la Liga
Habrá fútbol. La jueza que entendía el caso respaldó al G-6 y aquí paz y después gloria. En realidad, este paro era una insensatez y sus propios convocantes lo sabían. Para el caso de que el fallo hubiera sido el contrario tenían previsto reunirse de urgencia para desconvocar, ya veríamos con qué excusa. La verdad es que estos días se han dado cuenta de la impopularidad de la medida y además han recibido serias advertencias por parte del Gobierno sobre su situación con Hacienda, que es escandalosa, si se mira en conjunto. La Liga, desunida y mal dirigida en el aspecto legal, ha quedado en evidencia.
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Me alegro por Lissavetzky, que ha sido un buen secretario de Estado y no merecía salir así, pero esto no deja de ser una patada para adelante. Vivimos un sistema perverso de coartadas recíprocas: los clubes se quejan de que las teles pagan aquí menos que en otros países; las teles dicen que es por el partido en abierto; el fútbol pide que se quite el partido; el Gobierno les recuerda que no pagan a Hacienda; ellos dicen que no pagan a Hacienda porque las teles pagan poco por el partido en abierto... El que venga tras Lissavetzky tendrá que abordar un asunto envenenado. Y ningún partido quiere abrir este melón.
Por mi parte creo que no debería haberlo, pero ni estoy seguro de que, sin él, las teles, asfixiadas, pudieran de verdad pasar de 640 a 800 millones, como se pretende, ni mucho menos de que eso sirviera para acabar con la ruina galopante del fútbol. Hace veinte años los ingresos por este concepto eran 7.000 millones de pesetas al año, 42 millones de euros. Ahora son 640. Quince veces más. ¿Alguna otra cosa ha multiplicado por quince su valor en este tiempo? Pues pese a ello están como están, la mayoría en ley concursal o a la expectativa de un jeque rico. Siempre gastarán más de lo que ingresen.




