Sobre dos mensajes de Mourinho...
La Décima llegará por la vía del trabajo, no de la obsesión, dijo ayer Mourinho. Me gusta. Me gusta que hable de la Décima, aspiración que singularizo con la mayúscula por el hecho singular de que sólo es décima para un club, el Madrid. Sólo hay una décima posible, por eso va en mayúscula. Y me gusta también por el mensaje que lleva: trabajo. Y por la advertencia contra la obsesión que para el caso que nos ocupa es casi triple: obsesión por pasar de octavos, obsesión por el OL, joven bestia negra, y obsesión por el Barça, que antes o después acabará cruzándose también en el camino de la Décima.
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Seis ediciones sin pasar de octavos son mucho tiempo para el Madrid, que a cuenta de eso llegó a caer del grupo de cabezas de serie a la hora de confeccionarse los grupos de la primera fase. Una humillación, desde la perspectiva madridista. Testigo y en parte culpable de esa mala época ha sido el Olympique de Lyon, al que en siete partidos no ha ganado aún el Madrid. Siempre se ha encontrado un equipo joven, saludable, con estatura y músculo. En su primera versión, con Juninho Pernambucano, un fenómeno de los tiros libres. Ahora ya sin él, pero, por lo visto en la ida, igualmente rocoso.
Caer ante este equipo en una noche de torrija en el Bernabéu fue lo que le costó el banquillo a Pellegrini, mucho más que el 4-0 en Alcorcón. Ahora tenemos un mejor Madrid, pero Mourinho no se fía y pide el apoyo del Bernabéu, invocando el viejo ambiente de las grandes noches europeas. Aquel ambiente aparece cada vez menos, quizá porque el club ha ido virando de un público peñista y entusiasta, que se hacía patente estas noches, a otro más refinado y exigente. Pero, como también dice Mourinho, si hay una ocasión especial es ésta. Un chasco más en octavos y ante el OL sería algo demoledor.




