Atlético: se esfuma el efecto del doblete
Meses después del doblete continental, que sirvió de bálsamo a los malestares, el Atlético vuelve a vivir entre la desconfianza de buena parte de sus aficionados. Un grupo significativo de ellos emitió ayer un comunicado que reflejamos en nuestras páginas. Miguel Ángel Gil y Enrique Cerezo harían bien en leerlo y meditarlo, más allá del fastidio que les produzca su difusión. Ahora que están haciendo un esfuerzo por acercarse entre sí, y me consta que lo hacen, pueden seguir por examinar el por qué de estas quejas, que el doblete aplazó, pero que no ha enterrado. Y que tienen su base.
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Siguiendo con el tema del acercamiento entre ambos, es básico. Gil Marín es, en puridad, dueño del club, y el que lo trabaja. Pero Cerezo, además de accionista y avalista, es un presidente necesario, porque no se apellida Gil y porque tiene predicamento social, influencia política y buen don de gentes. Pero dos son multitud si no están de acuerdo, y en el club se toman decisiones zigzagueantes, a veces del uno, a veces del otro, a veces de ninguno. Y por una y otra parte se escapan confidencias indeseadas, o cuando no se escapan de ellos sino de otro lado, cada uno tiende a sospechar del otro.
Y voy al comunicado. Exagera en algo: el Atlético no es una agencia de compraventa de jugadores. Jugadores entran y salen casi con la misma celeridad en el Madrid, en el Valencia y de otros clubes. Signo de los tiempos, de las urgencias por ganar. Pero el lamento profundo que late en el escrito es el alineamiento del Atlético con el Madrid y el Barça en la cuestión de los derechos de televisión, y es verdad que al hacer eso el club rojiblanco traiciona algo muy suyo y se coloca cómodo en papel de tercerón inter pares. Como el Valencia. Su sitio debió estar con el Sevilla, el Athletic y otros cuya rebelión frustró.




