Los riesgos, en su dosis precisa
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Robert Kubica sigue vivo y eso es, en estos momentos, lo único importante. Veremos si vuelve a competir y cuánto tiempo tarda en hacerlo, una cuestión intrascendente tras el cariz que llegaron a tomar ayer los acontecimientos en ciertos instantes de la tarde (el alarmismo se suele extender como la pólvora). Ojalá pueda recuperarse para las carreras, porque es un pilotazo: honesto, rapidísimo y atrevido. Todo corazón y pundonor. Por eso no tuve ayer una explicación convincente a la pregunta recurrente de ¿qué hacía una estrella de la Fórmula 1 en un rally de pueblo?
Pues, sinceramente, no lo sé y tampoco lo entiendo. A poco más de un mes del inicio de los grandes premios, me parece un riesgo excesivo competir en una disciplina como ésta, con tantas incertidumbres en su desarrollo. Sobre todo cuando quien lo hace es un ganador nato, un tipo tremendamente competitivo, valiente y con mucho más que perder de lo que puede ganar con el experimento. Como diversión lo encuentro inaceptable, porque incidentes como el de este domingo sabemos que pueden producirse. Ojalá quede todo en un gran susto... y en una provechosa lección.




