Sevilla y Madrid, una rivalidad creciente

Sevilla y Madrid, una rivalidad creciente

No hay vuelta atrás: entre el Sevilla y el Madrid crece una rivalidad que amenaza con hacer seria competencia a las más tradicionales con el Betis, el Atlético, el Barcelona y el Bayern. Este nuevo episodio consta de unas vísperas ardientes por el vídeo y un partido intenso, macho y a ratos feroz, que deja un gol fantasma del que el Sevilla protestará por años, y un botellazo a Casillas que ahora nos meterá en vueltas y revueltas sobre el cierre o no cierre. El lanzamiento sólo es culpa del que lanza, pero la fugaz y furtiva entrada de dos empleados para retirar las pruebas del delito comprometen al club.

Y, antes de todo eso, un golazo de Benzema, que transitó por el partido con ese aire tan suyo, como de no enterarse de nada, pero que lo resolvió con ese tanto. Se coló entre la defensa sevillista como la sombra del Comendador, colocó el balón entre las piernas de Palop y, tras los abrazos, aceptó, solícito y cortés, la carantoña de su entrenador. Todo eso el mismo día que Adebayor aterrizaba en Madrid, cerrando una crisis que nunca debió producirse, que ha durado demasiado y que le ha servido a Mourinho para cargarse de razón y, con el impulso adquirido, mandar a la cuneta a Valdano.

Gran día para Mourinho, pues, cuyo equipo dio además muestras de enorme solidez y solidaridad. Se mantuvo bien durante una primera parte equilibrada y se hizo dueño de la situación en la segunda, en la que mereció más goles. El Sevilla chocó con esa fortaleza en la primera parte y se esfumó en la segunda, quizá porque tras el gol fantasma (al borde del descanso) se descentró. Tanta motivación previa provoca que cosas así hagan al equipo pasarse de vueltas. En resumen: medio billete para la final. El Barça ya lo tiene entero. En lo que yo acababa estos tres párrafos ya había hecho tres goles.