Un escaparate mal aprovechado
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Los equipos y los pilotos de este Dakar 2011 han tenido enormes dificultades para completar sus presupuestos, diría que en todos los casos, incluyendo a las grandes estructuras oficiales. Un fenómeno aplicable en estos tiempos a cualquier tipo de patrocinio, aunque especialmente sangrante en el caso de las disciplinas del motor, que requieren enormes cantidades de dinero para sacar adelante sus proyectos. Sin embargo, siguiendo día a día la edición de este año, me queda la impresión de que el Dakar se ha convertido en un escaparate muy mal aprovechado por las empresas. Pocas son las compañías de primer nivel presentes en la competición, así que los participantes han llegado a sus objetivos a base de aportaciones más pequeñas y repartidas.
Por supuesto que de esto saben infinitamente más que yo los expertos en publicidad y marketing, pero insisto en que mi opinión es que, en este caso, no han hilado demasiado fino. Los presupuestos que se manejan en el Dakar son significativamente inferiores a los habituales en la Fórmula 1 o el Mundial de MotoGP, convirtiéndose así en más asequibles para muchos patrocinadores. En contrapartida, esta competición sigue contando con el aliciente añadido de las fechas de su celebración, fuera de los calendarios de las otras modalidades, y por tanto con una difusión amplia en los medios. Durante dos semanas, dentro del deporte del motor, se habla poco más de lo que no es el Dakar y con otra particularidad valiosa: incluso los pilotos más modestos tienen su pedacito de protagonismo por el componente de aventura y reto personal que supone esta competición.




