Pilotos de una pasta especial
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La estoy viendo ahora mismo. Portada del 'Solo Moto 30' protagonizada por Juan Porcar y su Ossa Desert 350. Noche cerrada en África y un español que se enfrentaba, por primera vez, al reto de lo que entonces era el París-Dakar. Corría 1982 y yo tenía dieciséis años. Han pasado casi treinta y esa imagen permanece tan fresca en mi memoria como al día siguiente. Entendí que aquello era algo extraordinario, único... y hoy lo sigo pensando. Con el más absoluto de los respetos hacia el resto de los participantes (pilotos de coches y camiones), para mí los auténticos héroes, los titanes de la carrera, son los motoristas. Por su soledad y por la fragilidad de su vehículo. Pero también por la dureza especial del recorrido para todos ellos.
Veo cada día las kilometradas que se meten para el cuerpo y me tengo que frotar los ojos. Ayer, por ejemplo, más de 750 a todo trapo, más o menos como ir de Valladolid a Cádiz. Y no por una de esas autovías que construimos cuando éste era un país prospero, sino por parajes que podemos situar, sin temor a equivocarnos, entre los más inhóspitos del planeta. Duro, exigente y temerario para los mejores, para los favoritos... ¡Imagínense para los privados! Los que van con lo puesto, los que no tienen todo el año para prepararse, los que hipotecan sus casas o sus negocios para poder competir, para acariciar su sueño. Son tipos de una pasta especial y les envidio, aunque sobre todo les admiro. Como lo hice con Porcar tanto tiempo atrás...




