Arcarons nunca nos defrauda
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En su día lamenté muchísimo que Jordi Arcarons se retirase de la competición sin haber conseguido una victoria en el Dakar. La merecía sin duda, porque acabar seis veces en el podio de motos (cuatro de ellas segundo y las dos restantes tercero) es rozar tanto el palo como para haber esperado que finalmente llegara el gol. Pero es que, además, Jordi me parece un tipo excepcional, una buena persona que sintetiza a la perfección todos los valores que se pueden esperar de un deportista: luchador, honrado, ambicioso, amigo de sus amigos, generoso... Y precisamente de generosidad nos vuelve a dar una lección con su regreso a la gran carrera desértica, ahora como asistente de lujo de Laia Sanz, la campeonísima de trial que prueba fortuna en esta nueva especialidad.
A los 47 años, Arcarons se sube otra vez a la moto y ahora no con hambre de victoria, sino con vocación de buen samaritano. Se ha implicado tanto en el proyecto de Laia que se ha convertido en su 'mochilero'. Él, que suponía una referencia entre los más rápidos, entre los favoritos. Aquello ya pasó, es evidente, pero estarán de acuerdo conmigo en que hay que tener humor y vocación, por no llamarlo pasión, para pasarse otra vez dos semanas dando tumbos por algunos de los parajes más inhóspitos del planeta. No es, por tanto, un mánager al uso, una simple pieza más de este rompecabezas. Su trabajo puede resultar crucial para que quizá, quién sabe, Laia consiga entre las chicas ese triunfo que se le escapó a su maestro.




