Cuando Mou no usa su poder

Algunos entrenadores tienen como costumbre atacar, por no decir "cargarse", a la estrella del equipo cuando aterrizan en un nuevo club. Es una forma brutal de imponer su autoridad que, a veces, da resultados y afianza su poder en el vestuario. No son pocos los que opinan ahora que José Mourinho debería indicar a Raúl el camino de salida y no dejarle escoger libremente su futuro inmediato. Es para marcar una clara ruptura con el pasado y alejar una posible amenaza interna. Creo sinceramente que se equivocan. Primero porque ni el capitán blanco ni el Madrid se merecen una solución tan radical y, sobre todo, tan injusta. Y, segundo, porque Mourinho no necesita tomarla con Raúl para señalar a todo el mundo quién es el verdadero jefe.
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Esta es una de las grandes ventajas de haber fichado a un hombre tan imponente y carismático como el portugués. El que fuera apodado con buen criterio por los ingleses como The special one tiene tanto poder que no necesita 'activarlo' para demostrar que lo tiene. Se da más valor al hombre fuerte que no siente la obligación de usar su fuerza o que sabe usarla con parsimonia que al que entra a destrozarlo todo.
Así es José Mourinho. Esta potencia que emana de Mou aparece como la consecuencia de una forma de ser excepcional y de la legitimidad otorgada por la conquista de numerosos trofeos. Pero no es la única. La duración del contrato firmado el lunes (cuatro años) y la confianza ofrecida por el presidente del Real Madrid a su nuevo entrenador vienen también a fortalecerle. ¡Qué cambio con respecto a lo que hemos tenido que ver en los últimos once meses! ¡Qué poco vamos a echar de menos a Don Manuel Pellegrini!



