Cuando Higuaín da en el clavo

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El sol está tardando en llegar pero un aroma similar al de las primaveras del 2007 y del 2008 flota sobre La Cibeles. Un perfume de victoria, de garra, de felicidad. Y para todos los que recordamos con emoción esos momentos épicos, Gonzalo Higuaín aparece como uno de sus símbolos. El argentino lleva muy dentro el espíritu del Clavo Ardiendo y no sería de extrañar que marcase otra vez algunos de estos goles inesperados pero tan influyentes en el destino de la Liga. Sin embargo, para conseguirlo de nuevo, el Pipa tendría que olvidarse de su actual y brillante estatus en el Real Madrid. Dejar atrás su legítima ambición de ser el máximo goleador del campeonato e, incluso, Bota de Oro del fútbol europeo. Higuaín no debería pensar que puede dilapidar sus anteriores logros si falla algún gol.
Porque allí reside su principal problema. A veces, la ansiedad por marcar y por callar las bocas de sus detractores (como puede serlo el que escribe estas líneas) le distrae de su objetivo final. Cuando el Pipa participó de forma decisiva en la conquista de las dos últimas Ligas blancas, no tenía prácticamente nada que perder. Y lo vivía así. Metió sus goles más importantes cuando no tuvo tiempo para pensar. Cuando nadie le esperaba. El Higuaín de entonces puede ayudar al de hoy.



