Lillo y su influencia en Guardiola

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El Almería es un equipo que ha adquirido una filosofía de apostar por un fútbol atrevido, atractivo y de ataque. La valentía de Unai Emery le ascendió y consolidó en Primera División. Esa seña de identidad fue determinante para que Alfonso García, presidente de la entidad mediterránea, apostase por Gonzalo Arconada, que venía de ascender al Numancia. Pero el hermano del mítico portero de la Real Sociedad no cuajó en la plantilla a pesar de ser un técnico como la copa de un pino. Fue despedido y llegó Hugo Sánchez. Alguien que como jugador fue el adalid del gol, como entrenador tenía que apostar por un fútbol bello, de toque y arriesgado. Pero el fútbol no le recompensó. El mito mexicano, ex jugador de Real Madrid y Atlético, fue despedido.
El Almería buscó, como perfil, 'un motivador'. Un romántico, con pico de oro, conocimientos y capacidad de trabajo. ¿Luis Enrique? Una posibilidad. Pero estaba Juan Manuel Lillo. De Tolosa. Hizo un buen trabajo en una Real Sociedad en plena Ley Concursal, pero no hubo ascenso. Le llamó el Almería. Y ahí está. Más maduro. Mejor entrenador y menos mediático. Menos 'guay'. Si Lluis Bassat hubiera ganado las elecciones a la presidencia del Barcelona, Pep Guardiola habría sido designado como director deportivo. Y Lillo, entrenador. Pero ganó Joan Laporta. Nueve años después Lillo regresó a Primera gracias al Almería. Y una cosa está clara: los jugadores hablan maravillas de él. Algo tiene Lillo. Quizá ahora es mejor entrenador.



