La dulce vuelta del exilio

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Puede ser voluntario y dorado. Puede ser obligado y duro. La situación varía según cada individuo. Pero cuando uno deja su país y su familia para vivir en otra tierra... siempre es un exilio. Y, por suerte, en algún momento llega la vuelta a casa. Karim Benzema no ha tenido que esperar mucho tiempo para experimentar esta dulce sensación, ya que en su primera temporada lejos del club de su juventud va a tener la posibilidad de visitar al Olympique Lyonnais, vestido en esta ocasión con la camiseta blanca del Real Madrid.
Sin embargo, cualquier exiliado quiere demostrar a los que ha dejado atrás que irse ha sido una buena decisión. Necesita volver como triunfador y no como el hijo pródigo de los evangelios, triste y avergonzado. Entiendo muy bien que la idea de sentarse en el banquillo en el Estadio Gerland le esté doliendo a Benzema. No es una cuestión de orgullo personal sino el deseo de proteger a los que le aman y le admiran. No quiere que la gente se preocupe por él. Sólo quiere decir en la tierra que le ha visto nacer: "Me tratan bien en el Madrid. Soy un hombre feliz". Y eso se consigue con un puesto de titular.



