Yo digo Ángel Cruz

¡Por fin cayó Ramzi!

Ángel Cruz
Redacción de AS
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Confieso que ayer fue un día de alegría para mí, porque un culpable manifiesto (presunto hasta ahora) ha sido cazado. Todos sabíamos que Rashid Ramzi se dopaba, pero uno se sentía como el policía que sabe quién ha robado el banco, pero no tiene pruebas para meterle en la cárcel. La victoria en los 1.500 metros de los Juegos Olímpicos del baharaní nacido en Marruecos era un atentado contra el deporte, pero hubo que comulgar con ruedas de molino en forma de medallas de oro. Todo el mundo sabía de sus tejemanejes, que tenía amistades peligrosamente cercanas a la EPO.

Ramzi cumplía los requisitos que los manuales adjudican a los presuntos dopados: se entrenaba en lugares extraños y aislados (en pleno desierto marroquí, en su caso, cosa no muy aconsejable), no se dejaba ver por el circuito internacional y aparecía inopinadamente para llevarse el título mundial o el olímpico mientras los demás le miraban con caras que mezclan asombro y cabreo. Día festivo para aquellos que pensamos que los títulos hay que conseguirlos sin pócimas venenosas.

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